Llamada (CAS)

La liberación de la mayoría vale más que los intereses geoestratégicos de la minoría

El cambio social viene de la lucha desde abajo, no de las maniobras desde arriba

[Crida en català] ·  [Call in English]

Hace 25 años algunas personas hablaban del fin de la historia y otros de un mundo unipolar. Los hechos los han desmentido: nos encontramos en una época de conflicto entre diferentes potencias imperialistas. Como personas que luchamos por un cambio social fundamental, esto nos plantea muchos retos.

La principal fuerza militar en el mundo es EEUU y más en general el bloque que lidera, la OTAN. Debido a que, además, vivimos en un Estado que forma parte de este bloque, tenemos la obligación especial de oponernos a él, y así lo hacemos. Cada persona que firma este texto se ha opuesto activamente a la “guerra contra el terror” de EEUU y sus aliados. Pero el hecho de que el principal enemigo esté en casa, no quiere decir que las otras potencias imperialistas (Rusia, China…) sean nuestras aliadas.

Sobre todo, no quiere decir que debamos dar la espalda a las luchas populares dentro de estos países.

Por este motivo, como personas comprometidas con la liberación humana (y no con los intereses de uno u otro estado capitalista) declaramos que:

  • En Oriente Medio, apoyamos todas las revueltas populares por la democracia y la justicia social, sean cuales sean las alianzas internacionales del estado al que se enfrentan.
  • En particular apoyamos la lucha del pueblo de Siria, contra Asad, contra ISIS, y ahora contra los bombardeos de EEUU. El régimen del clan de los Asad lleva más de 40 años reprimiendo, encarcelando y torturando toda oposición a su poder. Bashar el Asad colaboró ​​con la CIA en el encarcelamiento y tortura de islamistas; liberó a algunos de ellos para que impulsaran ISIS; ha bombardeado los campos de refugiados palestinos; es responsable de 200.000 muertes en su país… El dictador sirio no es nuestro aliado.
  • Defendemos el derecho del pueblo kurdo a la autodeterminación, a romper con todos los estados que actualmente los encarcelan, más allá de las diferencias que podamos tener con sectores de las actuales direcciones kurdas.
  • Apoyamos el derecho a decidir del pueblo de Sahara, y no cambiaremos este compromiso en función de las posiciones vacilantes sobre el tema de EEUU o del PP.
  • Nos solidarizamos con las luchas obreras y de las minorías nacionales en China, así como con las decenas de miles de personas jóvenes que conforman el movimiento Occupy en Hong Kong. Denunciamos la represión que sufren a manos del estado capitalista chino: la principal muleta financiera, no lo olvidemos, de EEUU.
  • Defendemos el derecho de los pueblos de centro y sur América a elegir gobiernos que prometen más justicia social y que incomodan a EEUU. También defendemos el derecho de la clase trabajadora, y de los pueblos indígenas, a defender sus intereses ante estos mismos gobiernos.
  • En Ucrania nos oponemos a todas las oligarquías y a todas las injerencias imperialistas. Defendemos la continuada independencia del pueblo ucraniano —con toda su diversidad— y rechazamos que deban elegir entre someterse a occidente o volver atrás a los largos siglos de dominio ruso. Condenamos a los fascistas en Kiev —Svoboda, Pravy Sektor y otros— y también a los nazis rusos que juegan un papel clave, ocupando muchos altos cargos, en Donetsk. Nos solidarizamos con toda la gente trabajadora ucraniana —que actualmente se encuentra muy dividida, tras uno u otro sector de la oligarquía— y esperamos que sepa luchar por sus propios intereses.

Todo esto debería ser de cajón, pero no es así.

Hay sectores de la izquierda —incluyendo a activistas que juegan un papel muy activo y positivo a favor de los derechos sociales en nuestro país, o en solidaridad con algunos pueblos de Oriente Medio— que tachan estas luchas de ser el fruto de la injerencia occidental. Está claro que los dirigentes de EEUU intentan manipular, pero no son omnipotentes; a menudo no saben qué quieren, ni mucho menos tienen la capacidad de lograrlo. El hecho de interpretar luchas populares como conspiraciones imperialistas conlleva graves errores políticos:

  • Demuestra un desprecio hacia las clases trabajadoras y pueblos oprimidos de los estados en cuestión. Es como si no tuvieran ni la capacidad ni el derecho de rebelarse y luchar por sus propios intereses, por su propia liberación.
  • Nos resta credibilidad, si justificamos la represión hacia la lucha social en un país, cuando la criticamos en otro. Los dirigentes del mundo son hipócritas: afirman defender la democracia de puertas afuera mientras que la aplastan, cada vez que les molesta, dentro de casa. La izquierda no debe caer en la misma hipocresía.
  • Obstaculiza la liberación sexual. La lucha social en general casi siempre da impulso a la lucha por la liberación de las mujeres y la liberación LGBT, como vimos en los momentos álgidos en Tahrir o en la movilización popular contra el apartheid. Si por motivos “geopolíticos” la izquierda da la espalda a las luchas sociales, también lo hace a los cambios de conciencia que éstas conllevan entre mujeres y hombres, gente LGBT y heterosexual. Eso sin contar que muchos supuestos aliados contra el imperialismo —igual que hacen dirigentes occidentales— impulsan el machismo y la homofobia, como Putin en Rusia o Mugabe en Zimbabwe.
  • Fomenta la islamofobia. Muchos gobiernos supuestamente opuestos a EEUU se hacen eco de su discurso islamófobo e imitan su “guerra contra el terror” (“islamista”): Rusia contra el pueblo checheno; China contra el pueblo uigur; Siria contra su propia gente…
  • Refleja una visión unidimensional de la política que nos desorienta ante los retos a los que nos enfrentamos. El análisis geopolítico es sólo un factor, junto a las realidades complejas de cada lugar y cada lucha. Nuestra lucha no es la de un bloque de dirigentes contra otro, sino es la de la mayoría desde abajo contra la minoría de arriba.

Pedimos que dentro de la izquierda y los movimientos sociales de nuestro país, se acaben las campañas de desprestigio hacia las personas que defendemos la liberación de todos los pueblos del mundo, más allá de los intereses de los diferentes bloques. Tratar de “agentes de la CIA” —o aún peor, de “fascistas”— a personas comprometidas con la lucha contra el imperialismo, quita credibilidad a los sectores que hacen estas acusaciones, crea un ambiente peligroso de falta de respeto mutuo, y debilita al conjunto del movimiento y de la izquierda.

Tenemos claro que nos opondremos a toda intervención imperialista occidental, sin condiciones. Si sectores del movimiento exigen como condición de una lucha unitaria ante los ataques de EEUU que no se diga nada contra las otras potencias y dictaduras, nosotros pedimos que tampoco se les dé ningún apoyo ni se justifiquen sus abusos hacia sus poblaciones.

Dicho esto, por nuestra parte, en coherencia con nuestros principios, seguiremos combinando la oposición a las intervenciones imperialistas con el rechazo a todas las dictaduras y la solidaridad total y explícita con las luchas populares mencionadas arriba.

En resumen, para nosotros, la liberación de la mayoría vale más que los intereses geoestratégicos de la minoría.

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